Otro curro que se va…

Este viernes acaba mi relación laboral con mi actual empresa.

Han sido dos años agridulces trabajando en un edificio de la seguridad social, en un proyecto de la seguridad social, pero contratada por empresa privada. Ha salido ya en los medios, pero por si acaso lo comento: El INSS, desde hace tiempo, subcontrata a empresas privadas sus proyectos de informática, y a su vez la empresa que tiene el contrato para la aplicación de citas y expedientes de la SS ha subcontratado a otras empresas para que le cedan trabajadores (cinco diferentes he llegado a contar), y una de esas empresas es la que me contrató a mí.

Los funcionarios del edificio no están contentos, y lo manifiestan puteándonos – a los curritos, no a nuestros jefes –, vigilando nuestros movimientos y chivándose a los jefes a la mínima, llegando incluso a forzar el despido de trabajadores por ponerse los cascos para escuchar música en el trabajo. A día de hoy, en mi departamento está prohibido usar cascos, está seriamente contraindicado ir al baño más de una vez cada tres horas, si quieres bajar a la expendedora “mejor solo una vez al día, y tomando este desvío para que no te vean los funcionarios”, te ganas toques de atención si hablas alto en horas de trabajo – aunque sea de temas del propio trabajo –, y te amonestan por subir y bajar a la cafetería a por un café para llevar dos veces en el mismo día.

Por algún motivo que no entiendo, los contratados directos de la empresa que tiene la contrata tampoco están contentos. Se reparten entre ellos los puestos de mando, impiden el ascenso de los subcontratados de segundo orden, si alguno de ellos les cae mal no dudan en echarle, y manipulan los presupuestos para contratar a gente de “bajo perfil” por menos de lo planeado para quedarse ellos con la parte que sobra.

A los subcontratados de segundo nivel nos dicen que debemos estar contentos. Es un trabajo fácil, dicen, con un horario privilegiado, dicen – tenemos el horario de los funcionarios del edificio, al menos en teoría, porque el horario de los funcionarios de este edificio es llegar a las 8 y pasar el día en la cafetería –. Dicen que debemos estar agradecidos de tener un trabajo con un sueldo de mierda, la mitad de la cual te roban las empresas intermediarias y una cuarta parte te roban ellos manipulando los presupuestos. Que tenemos que dar gracias de tener la suerte de poder hacer nuestras 40 horas semanales con tres días de jornada intensiva, cosa que nos fuerza a hacer 11 horas de trabajo los dos días que quedan, pero eh, ¡tres días de la semana salimos a las tres!.

Yo no estoy contenta. Lo estaba cuando entré, no obstante, porque le caía bien a los jefes y aunque el sueldo no me daba para llegar a fin de mes al menos el horario me dejaba tener un poquito de vida fuera del trabajo, y los jefes estaban encantados con mi rendimiento y con lo lista que era.

Dejé de estar contenta cuando tras un año en la empresa, por motivos desconocidos para mí, empecé a caerle mal a todos los mandos intermedios.

Esto lo sé por tonterías como las siguientes: Que mi jefa directa no me mandara tarea durante dos meses pero en las reuniones de resultados se quejara al jefe de proyecto de que trabajaba muy lenta, se me respondiera con borderías cada vez que abría la boca, se negaran a contestarme dudas o a ayudarme con tareas, me dijeran abiertamente que era una incompetente y que nadie quería trabajar conmigo, se tomaran la libertad de “darme consejos sobre mi estado de ánimo” sin tener ni idea de mi vida privada y sin que yo se lo hubiera pedido, fueran aislándome poco a poco del trabajo de grupo condenándome al ostracismo, o postergaran indefinidamente las revisiones de mis tareas para que a ojos de los jefazos diera la impresión de que no hacía nada.

El jefe de proyecto se fue hace tres meses. El jefe de proyecto era un buen tío, al que no caía ni bien ni mal, que no dejaba que el resto hiciera y deshiciera según quién le cayera bien o mal. Mientras el antiguo jefe estuvo a la cabeza del proyecto, los mandos medios no pudieron hacer más que hacerme la vida imposible. Mientras yo siguiera rindiendo era intocable.

Hace tres meses la situación cambió, claro. En la primera reunión con el nuevo jefe de proyecto, cuando todo el mundo se fue, me hicieron quedarme a mi sola un rato más. Me dijeron que estaban hartos de mí, que ningún jefe me quería en su grupo, que no pensaban seguir tolerando mi hostilidad, y que si no cambiaba tanto mi rendimiento como mi actitud ni se lo iban a pensar dos veces para echarme.

Yo sabía perfectamente que no me iban a dar “una segunda oportunidad”, pero aun así decidí hacer la prueba: Durante tres meses he sido un encanto, he ayudado a todo el mundo, he subido mi rendimiento hasta ser la que más tareas saca al mes, me he interesado activamente por mejorar la aplicación, y en general me he dado muchísimo asco. Todos los trabajadores “de bajo perfil” (en serio, es así como nos llaman “los de alto perfil”, o sea, los jefes) estaban convencidos de que iba a seguir en la empresa, dado el cambiazo que había dado y lo contentos que estaban todos de un tiempo a esta parte.

Este martes me llamaron a reunión otra vez, me soltaron el mismo discurso de que cada vez que toco algo rompo otra cosa, que nadie quiere trabajar conmigo, que soy intratable, que ya me han dado dos años de oportunidad y que están hartos, y que si por ellos fuera el mismo martes estaba ya en la calle.

Eso no me dejó muy contenta.

Tampoco estaba contenta con las condiciones del edificio: El agua, pese a ser “potable”, tiene tal cantidad de hierro que se desaconseja seriamente beberla, así que tenemos que comprar agua embotellada si queremos beber en el trabajo. Hace unos meses pusieron unas garrafas de agua para suplir este defectillo. Tres por planta. Las cambian martes y jueves. Según las cambian, los funcionarios rellenan sus botellas de dos y tres litros y las vacían en una media hora. A los no funcionarios no nos dejan ir a otras plantas a rellenar nuestras botellas en sus garrafas, y nos llaman la atención si nos ven usar botellas de más de medio litro.

El horario de trabajo es a partir de las 7:30 hasta las 16:00 los lunes y miércoles, las 19:30 los martes y jueves, y las 15:30 los viernes. Si llegas antes o sales después, el tiempo que pases trabajando no te cuenta como trabajado. Si trabajas más de 8 horas y media seguidas, a partir de ese momento lo que trabajes no te cuenta como trabajado. Al fichar para ir a comer, aunque tardes 5 minutos, el fichaje de vuelta no te contará hasta pasada media hora. Ha habido meses que he tenido que recuperar horas que no debía, pero que no había hecho “en horario laboral”. Eso tampoco me hace sentirme contenta.

Hace tres meses, al irse el jefe de proyecto, en su lugar contrataron a una chica “de bajo perfil” que cobra 12.000 euros anuales por un trabajo de analista programador. No contrataron a nadie más. La decisión de contratar a esa chica fue del gestor, junto con el nuevo jefe de proyecto. Nadie sabe a dónde se ha ido el resto del sueldo que cobraba el anterior jefe.

Eso tampoco me hace feliz.

Mi contrato es por obra y servicio, para poder pagarme la menor cantidad posible de dinero por indemnización de despido cuando me echen. Alegan fin de obra y a tomar por culo. Pero no es fin de obra, entre otras cosas porque en mi proyecto hay otra chica de mi misma empresa que sigue trabajando allí, y si fuera fin de obra también la habrían echado porque habría significado el fin del proyecto. Eso quiere decir que si quiero que se me pague lo que se me debe sin que la empresa se ría de mí, tendré que firmar el despido como no conforme y liarme – otra vez – a visitas a abogados, a consultas a sindicatos, y a ir a juicios. Como no me gusta robar a los demás, no me gusta que me roben a mí; tener que liarla parda para evitar que me roben me hace sentir aún menos contenta.

Así acaban dos años de relación laboral. Con un año de acoso laboral, un despido plagado de insultos personales, y un fin de contrato ilegal. Me siento insultada, vejada, mi vida personal se ha visto afectada por el acoso al que me he visto expuesta, seguramente necesite apoyo psicológico para salir de la depresión que me ha causado un año en este ambiente de trabajo – apoyo que no podré pagar por la privada y que no podré conseguir por la pública, dicho sea de paso – y lo único que he hecho para merecerme todo esto ha sido caerle mal a una serie de personas que no saben manejar puestos de responsabilidad, no saben separar lo personal de lo profesional, se creen mejores que la gente que cobra menos que ellos y, visto lo visto, son gente mala en general.

Mañana es mi último día aquí. Recogeré mis cosas, no intentaré tocar el proyecto porque mis compañeros serían los que se comieran el marrón de arreglarlo y contra ellos no tengo nada, y me iré. En mi lugar contratarán a alguien que cobre la mitad que yo, seguramente falseando las cuentas para que el gestor y el jefe de proyecto se queden con lo que no se gaste, y la vida seguirá en la gerencia de informática de la seguridad social, esa que los funcionarios ”saben” que va mal por culpa de los trabajadores subcontratados de segundo nivel.

Todo esto se perderá como lágrimas en la lluvia.

Pero es el tipo de cosas que una necesita vomitar para que no se le pudran dentro.

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Todos quieren un sueldo mejor

El jefe de proyecto donde trabajo se ha ido a un lugar mejor. Para compensar que se va una persona de “perfil alto” (quiera decir lo que quiera decir eso) han contratado a alguien nuevo. De pronto, el día antes de la firma del contrato, el jefazo decidió, de forma unilateral, que contratarían a alguien diferente al acordado en su momento.

Los motivos del cambio de idea a última hora me parecieron bastante obvios cuando en el trabajo apareció una niña mona, rubia, encantadora, y totalmente no cualificada para el puesto para el que la habían contratado. Pero cuando me enteré del sueldo que iba a tener empecé a dudar entre dos opciones.

El puesto es de analista programador. Ella ha hecho un módulo de algo de forense – no me quedé con el nombre exacto cuando me lo contó – y mientras trabajaba de dependienta en una copistería se sacó “una certificación” de java, pero no ha programado en su vida. Como resultado siempre hay alguien del departamento en su puesto, explicándole cosas como para qué y cómo se usa el control de versiones, cómo utilizar el editor de código, cómo se depura el código, cómo se ejecuta el código, o que si guarda los cambios en local no los está cambiando en el repositorio. Todas esas cosas con las que te pegas cuando eres becario o programador junior y no tienes ni idea de nada, vaya, porque esas cosas en la carrera no las enseñan.

(También tengo una opinión bastante bien formada sobre las luces de la contratanda, pero no vienen al cuento para lo que quiero explicar, así que me las guardaré para mí)

En resumen, esta muchacha está haciendo – intentando – labores de analista programadora sin tener formación ni experiencia, con un contrato de grabadora de datos, y un sueldo que no llega ni a ser un chiste malo.

Hay varias cosas de esta situación que me gustaría discutir.

Por un lado, que la empresa contrate a la persona con menos cualificación – que también es la que menos sueldo va a aceptar – para que el dinero que se ahorre en la contratación “desaparezca en extrañas circunstancias” no puede por menos que cabrearme. Y no solo porque los cargos altos de mi empresa sean unos putos ladrones: Las consecuencias de esta política de contratación son la bajada de la calidad del producto y la ralentización del ritmo de trabajo – el tiempo que pierde la persona que SIEMPRE tiene que estar explicándole las cosas a la nueva es tiempo que podría estar trabajando. Y repito que no me estoy refiriendo al tiempo que tarda una persona en familiarizarse con el proyecto –. Para que el proyecto mantenga el ritmo y la calidad, el resto del departamento tiene que trabajar más. Y al único al que le suben el sueldo en ese proceso es al que se queda el sobrante del presupuesto destinado a contratar a alguien nuevo, que – qué casualidad – también es el único que no aumenta su carga de trabajo.

La política de contrataciones basada en “el que menos pida” me saca de quicio. Cuando yo busco trabajo, tengo que ser una experta en todo y tener décadas de experiencia en tecnologías que salieron hace 6 meses. Porque tengo una titulación y 10 años de experiencia, y mi situación personal y mis – maltrechos pero aún existentes – principios me permiten mandar a tomar por culo a quien me ofrezca trabajo a cambio de “comida y alojamiento”. Pero si un aspirante al puesto acepta a trabajar por un sueldo lo bastante bajo, tener experiencia y conocimientos ya no es necesario. Por si quedara alguna duda de que el único factor a tener en cuenta a la hora de contratar que les importa a las empresas es lo que van a tener que pagar.

Por otro lado, ¿qué narices hace una dependienta de una copistería con un módulo que no tiene nada que ver con la informática y “una certificación en java” (sea lo que sea eso) optando a un puesto de analista programador? ¿Me presento yo a un puesto de médico en un centro privado con “estudié una asignatura de biología en la carrera” como única línea del currículum? ¿Entonces por qué toda persona que ha tocado un ordenador para algo más que mandar un mail se ve cualificada para ocupar un puesto de informático?

Os lo voy a decir: Porque es un puesto en el que el intrusismo es delo más sencillo, y cuyo sueldo ha salido bastante bien parado de la crisis.

Entiendo que un sueldo de 12.000 euros brutos anuales, que a mí me parece un insulto, a alguien que, por poner un ejemplo al azar, trabaje de dependiente en una copistería, pueda parecerle jauja. Y lo único que tiene que hacer es comprarse los fascículos del curso de programación CEAC, o yo qué sé, bajarse tutoriales de internet, y poner en el cv que sabe informática a nivel de usuario – sabéis tan bien como yo que la mayoría de la gente llama “saber informática” a usar capas en photoshop –. Todo el mundo se ve cualificado para hacer mi trabajo, porque se ha ridiculizado tanto la profesión de informático que “se sabe” que mi trabajo consiste en estar 8 horas jugando al Candy crush en Facebook, y eh, cobrar por estar todo el día metido en internet mola mil.

Comprendo la situación que viven ahora mismo los trabajadores con profesiones “de baja cualificación”. Todos los empleos, de mando intermedio para abajo, lo han sufrido en mayor o menor grado. Empatizo al 100% con el hecho de que estas personas que trabajan por el sueldo mínimo o en negro, con contratos de duraciones ridículas, con “créditos ocultos” – que diría mi profesor de Ingeniería del Software – por todos lados, y si no pasan por el aro se van a la calle “porque hay ochenta detrás de ti dispuestos a hacer lo que tú no quieres” se merecen un trato más humano. No solo empatizo, coño, lo he vivido.

No concibo que un trabajo de 40 horas – el máximo que se puede trabajar a la semana por ley a día de hoy en España – no te permita vivir con tranquilidad. Me dan asco los patrones que tiran del “qué va a ser de mi empresa, con lo que me ha costado construirla” para justificar tener esclavos en vez de trabajadores. La sociopatía a la que apesta ese comportamiento hace que me den ganas de vomitar.

Dicho esto, no me parece ni medio normal que, para conseguir mejores sueldos, la gente que sufre estas situaciones se dedique a cargarse mi trabajo porque para ellos va a seguir resultando una mejoría aunque el resultado sea que yo acabe o sin trabajo o en las mismas condiciones que ellos estaban antes.

Me explico: Cuando una dependienta de una copistería acepta un trabajo de analista programadora por 12.000 euros al año – que para ella es una mejora, no olvidemos eso –, el mensaje que me está mandando es que mi situación laboral le importa tres mierdas, que a ella solo le importa ella misma y que por lo que a ella respecta a mí me pueden dar por culo. Pero no solo eso, sino que el resto de dependientes de copistería, que trabajan en las mismas condiciones de mierda que tenía ella y no han podido “escaparse” a otros trabajos, le importan incluso menos.

Veo un grave problema en la falta de conciencia de clase de la mayoría de los que pertenecemos a “la clase obrera”. También lo veo en el egoísmo y la sociopatía cuando estos los tienen los trabajadores, además de los empresarios. El “para mejorar mi situación me da igual cargarme las condiciones laborales de quien sea, esa gente no soy yo, no me importa” me duele a nivel profesional y personal.

Quiero solidarizarme con esta clase de obreros sociópatas, quiero pensar que lo que hacen lo hacen por miedo o por desesperación, pero lo que hacen no es una solución, es un parche que a corto plazo solo va a conseguir que la gente que sufre esta intrusión acabemos en la calle o trabajando prácticamente gratis. Este parasitar empleos mejor pagados acabará cargándose los pocos empleos que aún mantienen unas condiciones laborales medio humanas. Y cuando ya no queden trabajos que parasitar, igual nos damos cuenta de que enfocamos mal el problema desde el principio y que la lucha obrera no estaba tan mal.

Yo quiero ayudarte a ti en tu lucha para que las dependientas de copisterías tengáis mejores condiciones laborales. Iré a manifestaciones contigo, te recomendaré abogados, me afiliaré a un sindicato y lucharé contigo en lo que me pidas. Porque tú no eres la mala, eres la víctima.

Pero por favor, ten en cuenta que yo tampoco soy la mala, y que también me merezco un trabajo digno.

Aquí estoy porque he venío

El principal problema de la cultura del “si te esfuerzas puedes lograr cualquier cosa” es que es mentira.

No me entendáis mal. Claro que con esfuerzo se consiguen más cosas que sin él. Por ejemplo, un niño de clase baja que se esfuerce mucho en estudiar con becas y se saque una licenciatura compaginando trabajo y estudios lo tiene más fácil a la hora de conseguir trabajo de camarero en Londres que uno que no se esforzó y dejó los estudios al acabar la educación obligatoria – no, es coña –. No sé cómo voy a explicar que la cultura del esfuerzo es una mierda como una casa a la vez que defiendo que el esfuerzo es algo valioso que hay que inculcarle a la gente desde el principio; me perdonareis si no lo logro del todo.

Leí en un libro que de todas las posibles vidas existentes, las que estarán a nuestro alcance estarán tremendamente influenciadas por dónde y cuándo nazcamos, el poder adquisitivo de nuestra familia, nuestro sexo, nuestros genes… De un árbol de vidas infinito, se podará prácticamente el 99% de las ramas. No podremos llegar a Zar de Rusia, por ejemplo, o ser un samurái, o explorar las indias. Del mismo modo que yo no podré nunca ser padre, por ejemplo, por mucho que me esfuerce.

Claro que dentro de la parte del árbol accesible desde nuestro nacimiento, el esfuerzo será determinante para llegar a unas ramas u otras. O no. Puede que alcances la vida adulta en España y cuando decidas montar tu pequeño negocio para realizar tu sueño, los impuestos y cuotas de autónomo te dejen en la bancarrota y acabes en la calle. Puede que quieras ser actriz, pero tu familia no te apoye, y para cuando logres la independencia económica que te permitiría seguir tu sueño seas demasiado vieja y ya no tengas ninguna oportunidad de llegar a nada, o tengas una voz fea, o tú misma seas fea. Puede ser que quieras dedicarte profesionalmente al deporte, pero en el país en el que vives no se puede vivir de ello, y tengas que trabajar para poder pagarte el entrenamiento, y un día en el trabajo algún imbécil deje encendida la rueda transportadora, tropieces con unas cajas y te jodas los ligamentos de la rodilla. Puede que descubras tu pasión demasiado tarde y no puedas realizarte a ella. Puede que trabajes en una empresa dejándote la piel, y de pronto el presidente se pire con el dinero habiendo hecho que todas las pruebas te inculpen a ti, y acabes en la cárcel. Puede ser, simplemente, que trabajes, y trabajes, y trabajes, y como a alguien le tiene que tocar, no consigas nada.

Obviamente esta es una forma derrotista de afrontar la vida, y si pensamos así, por el mismo precio nos podemos pegar un tiro ya mismo, porque total, cuando muramos se acabará todo y nos recordarán lo mismo si no hicimos nada que si nos partimos la espalda currando. No se puede vivir así, por supuesto. No tendríamos el mundo que tenemos ahora si el ser humano se hubiera limitado a esperar sentado a morir “porque total”.

Pero tan malo es un extremo como otro. Enseñar a la gente que con esfuerzo se consigue todo es asumir de forma implícita que si no consigues lo que quieres es que no te has esforzado lo suficiente. Y eso es tremendamente injusto. Por no decir descorazonador para la persona que no lo ha conseguido.

Puedes enseñar a un niño que el esfuerzo le llevará lejos, y le estarás haciendo un favor. Pero si le educas en la creencia de que con esfuerzo puede conseguir cualquier cosa, lo que estás haciendo es darle cuerda a una bomba de relojería. No todo se consigue a base de esfuerzo, ni a base de esfuerzo se consigue todo. Hay gente que por haber nacido en cierto lugar ya lo tiene todo sin necesidad de esforzarse, y hay gente que nunca tendrá nada por el mismo motivo. La visión reduccionista de que “el mundo” se reduce a lo que conoce uno ya debería hacer sonar todas las alarmas.

No hay absolutamente nada malo en conocer las limitaciones propias, y en hacer cálculos realistas de posibilidades. Tampoco hay nada malo en, con las probabilidades en la mano, mandarlas a la mierda y seguir esforzándose. El esfuerzo está bien, hace que pasen cosas. Pero mentir está muy mal, y prepararte de forma realista para un posible fracaso, por no mencionar tener preparado un plan b para no acabar en la calle, el hospital o la cárcel – dependiendo de lo que se esté intentando – nunca ha matado a nadie.

Además, la mayor parte de las veces la “cultura del esfuerzo” lo que quiere sacarte dinero vendiéndote alguna gilipollez que te haga sentir especial. Esto es así.

 

Micromachismos que le hinchan los cojones a una

Entrada MUY breve porque no tengo nada interesante que decir, en realidad.

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Marvel ha comprado los derechos de Spiderman a Sony. Y seguramente Andrew Garfield no siga en el papel protagonista.

Me fastidia bastante, porque el actor daba bastante bien el personaje, sobre todo de cuerpo, espigado y delgadete, te creías que fuera a liarse a saltos por la ciudad. Y la actuación me pareció chorrocientas veces mejor que la de Toby Maguire, dónde va a parar.

Comentándolo en el trabajo, los dos chicos frikis del departamento me dicen que no, que Andrew Garfield es demasiado “guapete”, que no tiene la pátina de friki que tenía Maguire, que aunque de actuación lo hacía bien, para el papel ellos cogerían a alguien con “más pinta de pringado”.

Sí hombre, los tíos mejor feuchos que vuestra masculinidad no se vea amenazada. Ya las tías mejor todas pivones, que si ellas también son realistas ya no tiene gracia ir al cine.

Este fin de semana, en unas convivencias, conocí a una chica bastante sosa y repipi, aunque monilla – tampoco demasiado –. Durante gran parte del fin de semana la chica fue cortejada por gran parte de los caballeros participantes. Esto me llamó la atención porque había otra chica, bastante más mona y mucho más interesante, a la que apenas hicieron caso, quizá porque no daba tanta coba. No sé, tampoco me puse a diseccionarlos a todos. Pero el caso es que me pregunté si un hombre, con tal de ligar con una niña mona, sería capaz de pasar por alto que la niña mona en cuestión tiene el carácter de una rata de agua. Esta misma pregunta la hice hoy en voz alta en el trabajo.

Lo primero que me respondieron fue “uy… huelo a celos!”. Sí, claro, porque mi máxima aspiración es que los tíos intenten ligar conmigo. Ahí, apuntando alto en la vida.

Cierto espécimen me respondió que claro, que los hombres quieren tías buenas, que son las mujeres las que buscan que sean simpáticos. Le intenté responder que aquello era una generalización como una casa, y su respuesta fue algo así como que “no, viene en los genes, los hombres buscan cuerpos, las mujeres buscan seguridad”. Alguien, en ese punto, comentó “Ahora dirás que los hombres cazan y las mujeres recolectan” y menos mal, porque si no hubiera intervenido igual yo le habría tirado el café a la cara.

Lo bonito vino después, cuando el troglodita antes mencionado comentó que si había funcionado así por selección natural, por algo sería. Le habría dicho que la selección natural no tiene absolutamente nada que ver con que a él le gusten las tetas grandes, y que de hecho en la sociedad moderna no existe la selección natural, pero cuando hablo con ese hombre la verdad es que me da miedo que si uso palabras demasiado largas no me entienda y se pierda. Lo único que dije es que me parecía muy bien que fuera así, pero el hecho de que todo el mundo lo hiciera no tenía por qué gustarme. Y él siguió diciendo que no, que las cosas eran así porque eran así, que a él también le gustaría que…

Ahí se quedó callado. Yo terminé la frase por él “te gustaría que las tías no se fijaran solo en los tíos buenos para así tú poder ligarte a alguna tía buena, no?”. Y él, como no da más de sí, hizo media afirmación antes de darse cuenta de que debía responder que no.

Ese tío es un hamor.

Normalizar el machismo son los padres

Voy a refrescar el blog con algo muy breve a lo que le llevo dando vueltas unas semanas.

Recientemente, en la emisora de radio que suelo escuchar ponen dos canciones de melodía bastante pegadiza y cuya letra me provoca arcadas. Una es sobre un hombre que, para halagar a una mujer, enumera una ristra de ex locas y sus defectos, para a continuación añadir que “solo hay una” que es especial – suponemos que su actual novia –. Otra es sobre un hombre que le va a pedir a un señor la mano de su hija en matrimonio “porque sabe que está chapada a la antigua”, y la canción es el padre diciendo que no y el pretendiente cabreándose y diciendo que le da igual, que se va a casar con ella igualmente (Para eso no preguntes, imbécil. Ah, y mencionar que durante la canción las opiniones que se expresan son las de los hombres, en ningún momento se menciona lo que la mujer pueda desear).

No sé a vosotros, pero a mí que esas canciones se pinchen a todas horas y se consideren “temazos” me pone enferma.

Estoy viendo, y esto solo son dos pequeños ejemplos, hasta qué punto están normalizados ciertos comportamientos machistas – porque son machistas –. Porque es perfectamente normal que te metan esos mensajes “normalizados” en la radio, para que las niñas y adolescentes aprendan desde bien pequeñitas que cuando un hombre trata mal e insulta sistemáticamente a las mujeres entonces tú no tienes que pensar que es un gilipollas misógino, sino sentirte alagada de que a ti no te haga lo mismo; o que tus deseos no pintan nada frente a los de un hombre – sea su padre o tu pareja – , que tú eres una especie de pertenencia y que ellos pueden decidir sobre ti… ¿y al parecer sentirte halagada por ello?

No sé si lo estoy entendiendo, pero al parecer, según las canciones, ser la novia de un imbécil cuya idea de piropear es denigrar al sexo femenino y luego decir “pero tú no” es algo deseable… Y tengo que considerar muy bonito que mi novio se pelee con mi padre para casarse conmigo, pero eso sí, sin preguntarme mi opinión. Porque eh, sentirse propiedad de alguien es lo más.

Es enfermizo. Es denigrante. Es asqueroso. Y se pincha en la radio más o menos una vez por hora, de forma que cale en la mente de las mujeres que lo escuchan. Para que no sea machismo, sino lo normal en interacciones hombre-mujer. Para que las que lo denunciamos “seamos unas exageradas” o “lo que necesitamos es un hombre que nos de un buen pollazo, porque lo que estamos es amargadas de no follar”.

Pero eh, ¿sociedad patriarcal? Eso es un invento de las feminazis.

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Por si tuvieseis curiosidad, aquí dejo la letra de las canciones. Comentarios llamándome exagerada serán bienvenidos.

Girls in luv

Hey girl don’t I know you
I can tell you wanna know too
Let me guess you must be Angela
‘Cause you’re an angel in disguise
You’re the apple of my eye I can’t deny
Amanda got me mesmerized
Got all these girls in luv but only one got me feeling alright

Romina, was bi-polar
Katrina, always came over
Jacky, love that whiskey bottle one shot then I tear this over
Celina, she’s so mental
Marina, too environmental
Got all these girls in luv but only one got me feeling alright

Girls in luv
Girls in luv
She give you everything
Girls in luv
Girls in luv
She give you everything

Hey there Mona Lisa
I’m Da Vinci nice to meet ya
You’re like a wallet on the floor
And I found you, couldn’t leave you
You’re the cherry in the pie, I can’t deny
Amanda got me mesmerized
Got all these girls in luv but only one got me feeling alright

Maria, computer geek
Sophia, a super freak
Rosanna, that crazy chick, ah Rosanna’s just a bitch
Jennie, to sentimental
Mannie, was accidental
Got all these girls in luv but only one got me feeling alright

Girls in luv
Girls in luv
She give you everything
Girls in luv
Girls in luv
She give you everything

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Rude

Saturday morning jumped out of bed
And put on my best suit
Got in my car and raced like a jet
All the way to you
Knocked on your door with heart in my hand
To ask you a question
‘Cause I know that you’re an old-fashioned man, yeah

Can I have your daughter for the rest of my life?
Say yes, say yes ‘cause I need to know
You say I’ll never get your blessing ‘til the day I die
Tough luck, my friend, but the answer is ‘No’

Why you gotta be so rude?
Don’t you know I’m human too?
Why you gotta be so rude?
I’m gonna marry her anyway

Marry that girl
Marry her anyway
Marry that girl
Yeah, no matter what you say
Marry that girl
And we’ll be a family
Why you gotta be so
Rude

I hate to do this, you leave no choice
Can’t live without her
Love me or hate me we will be boys
Standing at that altar
Or we will run away
To another galaxy, you know
You know she’s in love with me
She will go anywhere I go

Can I have your daughter for the rest of my life?
Say yes, say yes ‘cause I need to know
You say I’ll never get your blessing ‘til the day I die
Tough luck, my friend, ‘cause the answer’s still ‘No”

Why you gotta be so rude?
Don’t you know I’m human too?
Why you gotta be so rude?
I’m gonna marry her anyway

Marry that girl
Marry her anyway
Marry that girl
No matter what you say
Marry that girl
And we’ll be a family
Why you gotta be so
Rude
Rude

Can I have your daughter for the rest of my life?
Say yes, say yes ‘cause I need to know
You say, I’ll never get your blessing ‘til the day I die
Tough luck, my friend, but ‘No’ still means ‘No’!

Why you gotta be so rude?
Don’t you know I’m human too?
Why you gotta be so rude?
I’m gonna marry her anyway

Marry that girl
Marry her anyway
Marry that girl
No matter what you say
Marry that girl
And we’ll be a family
Why you gotta be so
Rude
Why you gotta be so
Rude
Why you gotta be so rude? 

Navidad, navidad…

Tengo que admitir que las navidades me hacen menos ilusión cada año.

Personalmente, odio las imposiciones sociales. A veces les llevo la contraria porque sí, solo porque es algo que se supone que debo hacer, sin racionalizarlo más. Y el hecho de que sea casi obligatorio que sea feliz en navidades está de las primeras en mi lista. Con todas las demás festividades y eventos siempre se puede negociar, siempre hay una alternativa, por mínima que sea. Pero la navidad es sagrada, por algún motivo que escapa a mi entendimiento.

Y claro que cuando era más joven estaba muy contenta en navidades. Dejando a un lado el mensaje religioso, que está tan pervertido que dudo mucho que haya 100 personas en toda España que lo sientan así, estamos hablando de dos semanas de vacaciones plagadas de comidas pantagruélicas, quedadas con los amigos y regalos. ¿A qué niño en su sano juicio no le va a gustar la navidad?

El problema está en cuando creces, y las celebraciones se convierten en un montón de obligaciones. Porque todo lo que implican las navidades es obligatorio. Tienes que estar contento. Tienes que estar con tu familia. Tienes que hacer regalos. Y no te puedes escapar de ninguna de las tres.

Me gustaría ver a toda esa gente que despotrica de San Valentín y clama que esa festividad es un invento de El Corte Inglés decir algo sobre “estas fiestas tan señaladas”, en serio. Al menos el 14 de Febrero, como mucho, tienes que hacer solo un regalo. Pero por dios, ¿cómo se supone que voy a sentirme feliz si tengo que dejarme el sueldo entero en regalos para parientes que veo tres veces al año? Además, como la familia ya no pasa tiempo junta no conoces los gustos de ninguno, y seguramente los regalos acaben criando polvo en un estante. Hay solo cierta cantidad de espacio en los armaritos del baño para guardar colonias, por si no lo sabíais.

Sí, lo habéis adivinado, no me gusta estar obligada a hacer regalos. Puedo entender hasta cierto punto que a los niños pequeños se les sigan haciendo, pero en serio, ¿mis padres, mis hermanas y sus maridos necesitan seguir creyendo en los reyes magos? Y tal y como mi familia está aguantando el tirón de la crisis, ¿de verdad es aconsejable gastarnos un dinero que no tenemos en regalos que no se van a usar? Es una locura, el país hundido en una depresión del copón, y las ansias consumistas de estas fechas son las mismas de siempre. Porque es navidad, y tienes que comprarles cosas a tus seres queridos, y si no lo haces es que no les quieres.

Hablando de querer a la familia: Puedo entender que dos semanas de vacaciones escolares – que no laborales – sean una buena oportunidad para que los abuelos vean a los nietos, los padres vean a los hijos, y los gatos tengan ataques de histeria. Mis sobrinos, sin ir más lejos, tienen locura con mis padres. A los cuales ven todos los días, así que no veo dónde está la magia en pasar más días juntos. Mi otra hermana vive en Valencia, así que podría entender la emoción de verla… salvo que viene todos los fines de semana a Madrid, y los pasa en casa de mis padres. Yo soy la hija a la que menos ven. Y vivo en su barrio, a 20 minutos andando. Si no me ven más a menudo es porque no quieren, así que no le veo sentido a que estén obligados a verme en navidades. Pero hay que hacerlo porque es lo que hay que hacer. Da igual que el salto generacional entre las personas criadas con internet y las personas que creen que un pc es Satanás reencarnado sea tan grande que no haya un solo tema de conversación que no acabe en bronca. Da igual que veas a tu familia tan a menudo que no tengas nada nuevo que contar y al final el tiempo se pase repitiendo otra vez la última monada que ha hecho el nieto. Da igual que realmente no aguantes a tu hija y la quieras cuanto más lejos mejor. Hay que juntarse en navidad. Y pasarlo bien en las reuniones familiares. Es muy socorrido lo de “cuando te falten tus padres ya verás, aprovecha el tiempo que les queda”, sí, pero hay muchas maneras diferentes de aprovechar el tiempo que me queda con unos padres que piensan que soy una persona mediocre, que vive en pecado y cuando muera irá directa al infierno, y de cuyos gustos y aficiones ni tienen ni idea ni les importa lo más mínimo, que obligándome a juntarme con ellos en una casa abarrotada de gente, comida y momentos incómodos, “porque es navidad”.

Con todo esto en perspectiva, cómo puede preguntarse alguien por qué no estoy contenta en navidades. Y es que esa es la última parte: ¿Dónde encuentra la gente el interruptor para ser feliz en navidades, si no lo eres el resto del año? ¿Es la decoración hortera en las calles, el ansia consumista, el transporte público colapsado, el frío, los mensajes religiosos hasta en la sopa en un estado aconfesional, o la subida del precio de la comida lo que hace que de pronto la gente esté súper contenta de estar viva? “Estas fiestas son para dar a los que no tienen, para pensar en la familia, en la que está y la que no está, y alegrarte por lo que tienes”. Ya me alegro el resto del año de no estar muerta en una cuneta o viviendo debajo de un puente, gracias. Y si necesitas unas fechas concretas para pensar en la familia o para ser generoso, es que para empezar no haces ninguna de las dos cosas el resto del año.

No pretendo amargarle la navidad a nadie, porque la moda de estar triste en navidades también me parece una imposición y se la regalo a quien la quiera. Pero yo no soy una persona feliz. Sé que hay gente mucho más desafortunada que yo que es feliz en estas fechas, pero lo que se eche cada uno en su café por las mañanas no es de mi incumbencia. Simplemente no me gusta que me obliguen a hacer cosas, a sentir cosas, simplemente “porque es lo que hay que hacer”. Si las navidades que vienen no he tenido que volver a mudarme a un piso más barato – como hago todos los años – porque no puedo con el alquiler de este, he conseguido llegar a fin de mes más de una vez sin tener ataques de ansiedad al mirar el saldo a día 15, he podido ir al trabajo sin miedo a que me digan que no vuelva al día siguiente, o – esto ya es ciencia ficción – he logrado ahorrar aunque sea una mísera cantidad de 4 cifras, igual las navidades que vienen estoy contenta. Pero mientras eso no suceda, me parece que vais a tener que seguir quejándoos de que estoy siempre amargada.

A mi me parece perfecto que se mantenga la ilusión de las navidades en los niños. Y que los que tengan el interruptor para ser felices, para olvidarse de que estamos jodidos pero bien, lo usen. Puede que incluso los haya que sean felices todo el año y en navidades la cosa sea cuestión de inercia. Puede que haya gente que realmente se sienta contenta por poner figuritas de plástico en una mesa en su casa y rezarle a su amigo imaginario que nace en Diciembre y muere con 33 años en Marzo-Mayo del año siguiente. Puede que haya quien ceda ante la presión social y sea feliz “porque estas fechas son para ser feliz, para dar, para estar agradecido por lo que se tiene” – que repito que si necesitas una fecha concreta para ello tienes un problema –. Cada uno es totalmente libre se sentirse como quiera en las fechas que quiera.

Así que, joder, no me pidáis que esté contenta en navidades.

Por cierto, que feliz navidad, y tal.

La inquietante paradoja de la sal orgánica sin químicos

Hoy a la hora de la comida, un compañero que está haciendo un régimen “sin aditivos” para bajar peso no ha querido probar mi lomo con manzanas – casero – porque “no puedo comerlo, está lleno de pesticidas”.

Antes de que yo pudiera decir que pesticida y aditivo no son lo mismo, todos los presentes asintieron y comenzaron a hablar de lo mala que era la comida de hoy en día, y que algunos de ellos compraban productos “ecológicos” a granjas, para evitar pesticidas y aditivos y comer sano.

Me infla mucho las narices la gente que habla de “productos naturales” “alimentos sin químicos” o “alimentos orgánicos”. Más que nada porque el primero y el tercero – aunque este último salvo en el caso del agua y la sal – son epítetos, y el segundo es una soberana gilipollez.

Es una y otra vez el mismo patrón: “la homeopatía funciona porque las farmacéuticas solo quieren ganar dinero”, “la alimentación puede curar el cáncer porque la quimioterapia no es 100% eficaz”, “sólo la comida ecológica es buena porque las hamburguesas del mcDonalds son malas para la salud”. Hay un salto de fe bastante importante desde las premisas hasta las conclusiones, pero a la gente no parece costarle unirlas y verle al razonamiento todo el sentido del mundo.

En primer lugar porque la gente no sabe cómo funciona aquello de lo que está hablando – ni ganas –, así que se cree cualquier cosa que le suelte cualquiera con pinta de saber del tema – o que escriba un libro, o se invente una dieta milagro –.

Y en segundo lugar porque todos ellos tienen un poso de verdad… al que han aplicado inducción hasta decir basta, vale, pero algo de verdad de la que partir sí que hay.

En el caso de la comida ecológica(1)… pues yo no lo llamaría poso de verdad, más bien lo llamaría “alguien ha confundido mucho los términos aquí”. Sí que es cierto que el modo de vida de las ciudades del primer mundo obliga a un tipo de agricultura y ganadería intensivas que hacen que los productos resultantes dejen bastante que desear en lo tocante a sabor y valor nutricional. Los cultivos se recogen antes de que maduren – así que lo hacen en cámaras – para evitar que en los traslados lleguen podridos al destino, perdiendo sabor y vitaminas. Los animales son alimentados con piensos para que engorden rápido y mucho, están sometidos a mucho estrés, su carne no es ni de lejos comparable a la de unos animales criados de forma tradicional.

Yyyy aquí empieza la mezcla de conceptos. Si crías una res en una granja, digamos, “a la antigua”, crece relajada, come como dios manda – lo que sea que coman –, está todo el día pastando y toda la noche calentita en la nave del corral. Su carne va a ser pura ambrosía comparada con un filetucho de una res criada con ganadería intensiva.

Pero.

Si tienes una plantación de lo que sea, y pretendes tener una buena cosecha sin utilizar ni abonos ni pesticidas, lo único que haré será desearte buena suerte. Porque la vas a necesitar. Las plagas son la cosa más natural del mundo, y además las hay a montones, que lo sepas. El único motivo por el que alguien querría comprar productos “cultivados sin pesticidas” es que no tenga ni idea de qué significa dicha expresión.

Y por cierto, si estás leyendo esto y compras verdura o fruta ecológicas “porque no tienen pesticidas”(2), que sepas que lo más seguro es que te estén timando. De nada.

Siguiente punto.

Aditivos. Bien. La comida moderna está llena de aditivos. Correcto. Podemos verlo claramente en la lista de ingredientes de la comida que consumimos día a día. Ajá.

Solo que a un producto sin procesar no se le pueden añadir aditivos.

¿Cómo le meten el acidulante E-556 a las manzanas o a la ternera, me pregunto? ¿Se lo inyectan con jeringuilla antes de envasarlas? ¿O se lo echan en el agua con el que riegan la planta o algo así? ¿Se lo dan de comer a los terneros? ¿Alguno de los que afirma que las manzanas están llenas de aditivos sabe qué son o cómo funcionan esos aditivos de los que habla? O ya puestos, ¿alguno sabe cómo va el proceso digestivo de un animal, o el de una planta?

Y ya que estamos con el tema, yo me preocuparía más por los kilos de azúcares que le añaden a la comida al procesarla que por unos compuestos que lo único que hacen es evitar que la comida se pudra antes de que llegue a nuestras mesas – que es lo que pasaría si fuera “natural” –.

Nuestro estilo de vida requiere que modifiquemos nuestra producción de alimentos. No podemos esperar vivir hacinados en una ciudad de millones de personas y a la vez comer carne de ganadería extensiva y tomates que han madurado en su planta. No se produciría lo suficiente, para empezar, y los productos vegetales no aguantarían el tiempo de transporte a nuestras mesas, llegarían podridos. Es uno de esos “sacrificios” que uno debe hacer si quiere vivir de un determinado modo. Si alguien te intenta vender que puedes tener las dos cosas, ten por seguro que te está timando.

Pero yo qué voy a saber, si ni doy datos ni nada, solo parloteo cosas contrarias a las que alguien que tampoco os dio datos os parloteó primero…

(1) A todo esto, ¿alguien sabe qué significa exactamente “comida ecológica”? ¿Es comida que no daña el medio ambiente? ¿Hay comida antiecológica? ¿Cómo crías un cerdo sin que emita metano a la atmósfera? ¿A qué huelen las cosas que no huelen?

(2) Irónicamente, el verdadero “modo” de evitar los pesticidas en los cultivos son los transgénicos. Plantas resistentes a las plagas, a condiciones de humedad o sequedad extremas, que aguanten más tiempo antes de pudrirse… Ingeniería genética y transgénicos. Pero claro, una señora muy arreglada en televisión dijo que esas cosas no son sanas, que son malas malas, y que mataron a su padre y violaron a su madre. ¡Y si lo dice alguien en la tele tiene que ser verdad!