Telebasura y consumidores (o algo)

En este post quiero partir de la base de que soy una firme creyente en que una educación de calidad – tanto en contenidos como en docentes e instalaciones –, pública – que no gratuita, que no, que no es gratis, que la pagamos todos, que NO es gratis – y al alcance de todos, a medio plazo solucionaría muchos de los problemas que aquejan a España a día de hoy. Que con los adultos no se puede hacer más que prendernos fuego a todos, y que la única esperanza de este país radica en que a las generaciones que vienen no las engañen tan fácilmente como nos han engañado a nosotros. Y que eso solo se puede lograr si tienen las cabecitas bien amuebladas y saben darse cuenta de que se la están dando con queso, y obrar en consecuencia.

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Leo en twitter a un montón de gente hablando de un programa de televisión con el hashtag “#AdanyEva”. Por lo que veo en mi timeline, la gente lo está viendo para burlarse o insultar a los participantes, pero no dejan claro el por qué. Saco la conclusión de que será algo rollito HMYV y sigo a lo mío – no tengo televisor. O mejor dicho: tengo, pero conectada a la videoconsola, no al cable de antena –.

Me entero por la radio que el programa de marras es como Gandía Shore pero en pelotas. Después de que alguien me explique qué es exactamente Gandía Shore, y de leer un par de opiniones más por internet, llego a la conclusión de que es algo muy triste.

Que la gente lo vea, digo, no que la gente concurse.

Porque la industria del entretenimiento genera lo que la gente le pide, y en algún momento el público pasó de pedir música 24 horas y la comentarista del patinaje sobre hielo de La 2, a gente que apenas sabe escribir su nombre sin faltas de ortografía y se siente orgullosa de ello gritándose unos a otros y follando en cámara.

Puedo entender que, siendo los españoles como somos, nos guste regodearnos en las miserias ajenas para sentirnos un poco mejor con nuestra vida – en vez de hacer algo para mejorarla –. Puedo comprender a la persona de clase baja aburrida que a falta de otro aliciente en su día a día pone tele cinco para animarse con la vida privada de la gente que sale gritando e insultándose en el programa que toque. Las desgracias ajenas siempre alegran, que diría mi hermana. Y total, la gente que está ahí sabe muy bien que está montando el espectáculo para conseguir una cuota de pantalla, no son tontos, saben lo que le gusta a su público y se lo dan a espuertas.

Pero luego hay programas a los que la gente no va sabiendo lo que hay, sino porque cree que salir en la tele es guay. Bellos subproductos de nuestra sociedad a los que han educado para creer que lo mejor a lo que pueden aspirar es a ser famosillo de entrar gratis a las discotecas de Valencia, y que el mejor modo de conseguirlo es follar mucho, en sitios públicos, y a ser posible con gente famosilla de esa en la que quieren convertirse.

Con esos programas me pregunto dos cosas: Una, qué coño ha pasado con esta sociedad para que de pronto esos sean los valores que inculcamos en los ciudadanos. Y dos, qué cojones está pensando la gente que ve esos programas.

No he logrado encontrar aún una respuesta para lo primero, mientras que para lo segundo, en base a lo que he observado – que no es mucho y seguramente esté sesgado –, creo que hay dos motivos mayoritarios: Querer ser como ellos, o reírse de ellos.

Hablemos del primer motivo usando un símil sacado de Friends: Supongo que si a alguien lo educan desde bien pequeño para que crea que es un zapato, lo más seguro es que cuando sea adulto tenga la firme convicción de que es un zapato. Vemos cada día al catolicismo hacer lo mismo y a todos nos parece genial, y lavar cerebros no es patrimonio exclusivo de los curas. Si a un montón de niños los crías en un ambiente sin acceso a la cultura, en unos colegios sin presupuesto y llenos de profesores amargados que están allí solo por el sueldo y no tienen ningún interés en que aprendan nada, con la telebasura como único entretenimiento, con gente como Kim Kardashian como ídolos, con presión social por todos lados sobre cómo deben ser en forma de programas de prensa rosa con “lo mejor” de cada casa… ¿Qué esperamos que salga, el Einstein del siglo XXI?

Así es como nos hemos criado la mayoría. Y la mayoría, porque bien dicen que perro viejo no aprende trucos nuevos, cuando nos hacemos mayores y podemos tener un poquito más de control sobre nuestras vidas, no tenemos ni puta gana de echarle un ojo a un libro, menos aún estudiar una carrera o buscarse un aburrido trabajo de 8 horas al día, con lo bien que se consigue dinerillo yendo a estos programas que además nos lanzarán al estrellato, y podremos ganarnos la vida de comentaristas en televisión, como la Belén Esteban, que esa sí que sabe, sin necesidad de esforzarnos, que eso es de putos perdedores.

Luego está la gente que sí pudo acceder a una educación y un nivel de vida decentes, pero sin pasarse no fueran a tener ideas raras. La gente a la que a fin de cuentas le han lavado el cerebro con la misma mierda pero de distinto color.

A esa gente le gusta mucho reírse de la tonta que dice “fascículo” en vez de versículo, o que opina, tras mucho pensárselo, que la biblia está para lo mismo que todos los libros, para leerla. Esa es gente con una vida mediocre, con unos estudios mediocres, con un trabajo mediocre, que son ellos mismos tan mediocres que en vez de intentar mejorar su vida, o joderse y llevarlo con la mayor dignidad que puedan en caso de que mejorar no sea una opción, usa a estos “parias” para sentirse mejor consigo mismo. Jeje, qué inteligente soy, yo sé que la biblia lo que tiene son versículos. Jaja, qué tonta, mírala, si no sabe ni articular una frase completa, qué tonta es. Y qué inteligente me hace sentir a mí.

La gente que sale en esos programas me da un poco de lástima. Los que quieren ser como ellos me dan penita. Los que se ríen de ellos me dan asco.

Porque podríamos trabajar todos juntos para que esos niños que se convierten en adultos crecieran con referentes adultos que merecieran la pena, podríamos luchar porque todos ellos tuvieran acceso a una educación pública, de calidad, y con profesores que amen lo que hacen y les inculquen ese amor al conocimiento a sus alumnos, podríamos tan solo ser mejores ejemplos de civismo e integridad para ellos. No digo que intentemos salvar los Narrows a golpe de talonario, ni que hagamos que los traficantes de drogas se arrepientan de sus actos y se metan a cuidadores en centros de día.

Pero no estaría mal empezar porque nuestros hijos no aprendieran que cuando alguien se equivoca al hablar porque nadie se ha molestado en enseñarle a hacerlo correctamente, lo que hay que hacer es burlarse, no sea que si se le corrige aprenda algo y ya no tengamos de quién reírnos.

 

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