¡Celebremos el día contra la violencia hacia los hombres!

Ayer fue el día contra la violencia hacia las mujeres. Y me he esperado a hablar de ello al día siguiente porque soy la más guay de mi cuarto, qué pasa.

Personalmente, y cuando hablamos en general y no en este caso específico, prefiero llamarlo violencia de género a violencia machista o contra las mujeres, y si me apuras ampliaría el término – aunque no sé qué nombre le daría –, porque el hombre también puede ser víctima de ella, y la víctima, hombre o mujer, puede serlo por parte de un familiar o amigo, no hace falta que sea de su pareja. Pienso que la ley debería ser lo suficientemente general en ese aspecto como para englobar a cualquier víctima de maltrato en el entorno doméstico y poder protegerla, porque las víctimas siempre tendrán mi simpatía, sean quienes sean. Aunque claro, preferiría que no fuera necesario tener que recurrir a las leyes. Sería muy bonito que la gente no fuera por ahí creyéndose con derecho a matar a una persona porque Acuario ha entrado en la órbita de Saturno, no sé si me explico.

Parece ser, no obstante, que lo de la simpatía con las víctimas no es de uso común. A la vista de las reacciones en las redes sociales ayer – día de la lucha contra la violencia contra la mujer(1) – , que la mayoría de asesinatos por violencia de género hayan sido de hombres hacia mujeres no nos da derecho a defender nuestro derecho a que no se nos mate sin que, al hablar de ello, salte alguno con su versión del “¿y los hombres qué?”.

Es una y otra vez lo del “¿por qué no hay día del orgullo heterosexual?”, o “¿por qué no hay un mes de la historia blanca?”. Es aburrido y una se cansa de explicar que, ya de partida, en vez de pedir casito como un niño de 5 años podrían alegrarse de no necesitar un día para ellos. Pero no lo hacen, y en su lugar lanzan discursos sobre que hay que erradicar toda la violencia, no solo hacia las mujeres, y que por qué somos terriblemente egoístas al querer echar a los hombres de nuestras reivindicaciones, cuando está claro que los hombres también son víctimas – ¿datos, por favor? – y se debe luchar también por sus derechos (¿?)

No voy a decir que no tengan razón, ojo, porque todo lo que dicen es verdad. Pero el fondo de egoísmo está ahí. El hecho es que muchas más mujeres mueren a manos de hombres que al revés sin que la ley haga nada por evitarlo incluso en los casos en los que la mujer ha denunciado con anterioridad al asesino. El hecho es que nos matan a ritmo de más de 1 por semana y lo vemos como algo normal o incluso culpamos a la víctima “por no denunciar antes”. El hecho es que tanto la sociedad como las leyes deberían evitar eso, atajarlo de alguna manera, hacer que los hombre, por dios, dejen de matarnos, y que las leyes, la gente, alguien por favor, haga algo para proteger a las posibles víctimas; y no lo hacen. Y el hecho es que cuando alguien intenta reivindicar que tenemos derecho a que no se nos mate – qué idea más alocada, eh – la primera reacción es corregirnos.

El hecho es que cuando intentamos que el objetivo de acabar con la violencia hacia nosotras gane visibilidad nos encontramos con que el colectivo masculino, en vez de decir “pues oye, tenéis razón, vamos a intentar cambiar la sociedad para que las mujeres no corran tanto peligro o, si todo lo demás falla, para que estén protegidas de potenciales asesinos”, dicen “¿y los hombres qué?”

Con los datos en la mano, en serio, creéis que intentar concienciar contra la violencia hacia las mujeres lo único que merece por respuesta es un “¿y los hombres qué?”. De veras pensáis que lo único que las 90 mujeres asesinadas este año a mano de hombres merecen es un “¿y los hombres qué?”. ¿Realmente leéis ’’Una mujer es asesinada cada semana a manos de un hombre, por favor acabemos con esto’ ‘y los hombres qué?’” y lo veis lógico en vez de tremendamente egoísta?

Pero lo más gracioso del discurso de “y los hombres qué?” es cuándo y hacia quién se da. Esta gente solo reivindica “y los hombres qué?” cuando las mujeres intentamos concienciar sobre este particular. Cuando se habla de que hay que acabar con la violencia homófoba, cuando le pegan una paliza a una pareja homosexual solo por ir de la mano por la calle, y se alza la voz para intentar concienciar y acabar con ese tipo de violencia, la respuesta no es “¿y la violencia hacia los heterosexuales qué?”. No. A todo el mundo le parece bien que se intente acabar con ese tipo de violencia, porque está mal y estar en contra de ella está bien. Pero si hablas de la violencia hacia las mujeres, la respuesta no es un “es cierto, ese tipo de violencia está mal, y estar en contra de ella está bien”. La respuesta es un “no, hay que acabar con toda la violencia, los hombres también somos víctimas”.

Y respecto al cuándo… Esta gente que quiere acabar con “la violencia en general”… sus discursos… ¿son continuados en el tiempo? ¿Todas las semanas intentan dar charlas, concienciar a la población, reunir firmas para cambiar las leyes, hacer jornadas, eventos, algo, para que “se acabe todo tipo de violencia”?.

No.

Sus discursitos llenos de dignidad herida se limitan a cuando las mujeres hacen alguna de las cosas antes mencionadas. Como el niño que ya no toca un juguete y de pronto se lo ve usar a su hermano pequeño y por arte de magia vuelve a ser su favorito. Los hombres no claman que hay que acabar con la violencia “en general” cuando en los medios de comunicación hablan de una nueva “fallecida” – porque asesinada no, hombre, se ha muerto sola –, o violada, o apalizada, o su puta madre. Los hombres solo saltan cuando las mujeres intentan – oh, dios, qué malas somos – que la sociedad se de cuenta de que nos están matando, y en parte es porque nosotros, la sociedad en conjunto, lo propiciamos.

Su discurso es un contraataque contra nosotras cuando intentamos que se nos respete igual que a ellos. Y solo eso.

Lo único que queremos es tener el suficiente valor como personas como para que un hombre no considere que tiene poder sobre nuestra vida o muerte. Y si no podemos tenerlo, al menos queremos que la ley nos proteja de quien nos quiere muertas porque cree que tiene la potestad para matarnos. Y vuestra – llena de empatía – respuesta es “¿y los hombres qué?”

Qué solas, qué desoladamente solas, estamos.

La violencia hacia nosotras, así como el exabrupto pidiendo casito cuando intentamos luchar por nuestros derechos – que no quitárselos a nadie, joder –, tiene una raíz tremendamente machista que, tristemente, también es tremendamente cultural. La mayoría de la gente no se da cuenta de lo normalizado que está, pero está ahí, y porque no nos demos cuenta no va a dejar de estarlo. La violencia doméstica en general puede deberse a más de un factor(2), pero la violencia hacia las mujeres siempre tiene como base la normalización del machismo. “La maté porque era mía”. “O mía o de nadie”. “Tú no me vas a dejar a mí, pedazo de puta”. “Tú no me vas a dejar sin follar, calientapollas”. “Te pego porque te quiero, lo hago por tu bien, tú no lo entiendes”. “Saben” que tienen derecho sobre nosotras. Y eso nos aterra. Y acallar nuestro grito de auxilio, porque lo llaméis como lo llaméis es lo que estáis haciendo, no es más que otra faceta de ese machismo normalizado. Nos matan y no nos escucháis. Nos matan y si nos quejamos nos corregís “porque estamos marginándoos”. Nos matan y “hay que tener en cuenta todos los tipos de violencia” porque que 90 mujeres mueran en un año no es lo bastante importante como para merecer una causa específica.

Nos matan, y nadie hace nada.

(1)    La ley contra la violencia de género es una cosa. El día contra la violencia hacia la mujer es otra. Son dos cosas. Diferentes. Una es una ley que – en teoría al menos – protege a TODAS las víctimas de violencia de género, y que no excluye a nadie. El otro es un día que intenta concienciar a la sociedad del hecho de que está mal que mueran tantas mujeres asesinadas a manos de hombres al año. No niega que haya hombres víctimas de violencia de género. Ni los obvia. Ni los ningunea. Ni los desprecia. Simplemente no va de eso, porque va de otra cosa. Como el día del orgullo gay, que no va de heterosexuales porque va de homosexuales (vale, colectivo LGTB, no me matéis). No pide que se les quiten derechos a los heterosexuales, ni que se los ningunee, ni que se los margine. Simplemente va de otra cosa. Pues igual.

(2)   Otra cosa diferente, y quiero mencionarla porque sé que si no lo hago alguien va a saltar con ello, es que los hombres maltratados no denuncien, o se les ridiculice si lo hacen. Eso también tiene su raíz en el machismo. Es el machismo normalizado el que hace que “a un hombre de verdad no lo pueda maltratar una mujer”. Es la visión de que el hombre tiene que ser fuerte, no llorar, no mostrar debilidad – y mucho menos delante de una mujer –, y no nosotras quejándonos de que nos matan, lo que hace que un hombre maltratado no se atreva a denunciar. Así que no me jodáis con “y los hombres qué”, porque sois vosotros mismos los que, con vuestra mierda de machismo, condenáis a esos hombres. No me vengáis ahora en plan adalides de la justicia, que no cuela.

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