Aquí estoy porque he venío

El principal problema de la cultura del “si te esfuerzas puedes lograr cualquier cosa” es que es mentira.

No me entendáis mal. Claro que con esfuerzo se consiguen más cosas que sin él. Por ejemplo, un niño de clase baja que se esfuerce mucho en estudiar con becas y se saque una licenciatura compaginando trabajo y estudios lo tiene más fácil a la hora de conseguir trabajo de camarero en Londres que uno que no se esforzó y dejó los estudios al acabar la educación obligatoria – no, es coña –. No sé cómo voy a explicar que la cultura del esfuerzo es una mierda como una casa a la vez que defiendo que el esfuerzo es algo valioso que hay que inculcarle a la gente desde el principio; me perdonareis si no lo logro del todo.

Leí en un libro que de todas las posibles vidas existentes, las que estarán a nuestro alcance estarán tremendamente influenciadas por dónde y cuándo nazcamos, el poder adquisitivo de nuestra familia, nuestro sexo, nuestros genes… De un árbol de vidas infinito, se podará prácticamente el 99% de las ramas. No podremos llegar a Zar de Rusia, por ejemplo, o ser un samurái, o explorar las indias. Del mismo modo que yo no podré nunca ser padre, por ejemplo, por mucho que me esfuerce.

Claro que dentro de la parte del árbol accesible desde nuestro nacimiento, el esfuerzo será determinante para llegar a unas ramas u otras. O no. Puede que alcances la vida adulta en España y cuando decidas montar tu pequeño negocio para realizar tu sueño, los impuestos y cuotas de autónomo te dejen en la bancarrota y acabes en la calle. Puede que quieras ser actriz, pero tu familia no te apoye, y para cuando logres la independencia económica que te permitiría seguir tu sueño seas demasiado vieja y ya no tengas ninguna oportunidad de llegar a nada, o tengas una voz fea, o tú misma seas fea. Puede ser que quieras dedicarte profesionalmente al deporte, pero en el país en el que vives no se puede vivir de ello, y tengas que trabajar para poder pagarte el entrenamiento, y un día en el trabajo algún imbécil deje encendida la rueda transportadora, tropieces con unas cajas y te jodas los ligamentos de la rodilla. Puede que descubras tu pasión demasiado tarde y no puedas realizarte a ella. Puede que trabajes en una empresa dejándote la piel, y de pronto el presidente se pire con el dinero habiendo hecho que todas las pruebas te inculpen a ti, y acabes en la cárcel. Puede ser, simplemente, que trabajes, y trabajes, y trabajes, y como a alguien le tiene que tocar, no consigas nada.

Obviamente esta es una forma derrotista de afrontar la vida, y si pensamos así, por el mismo precio nos podemos pegar un tiro ya mismo, porque total, cuando muramos se acabará todo y nos recordarán lo mismo si no hicimos nada que si nos partimos la espalda currando. No se puede vivir así, por supuesto. No tendríamos el mundo que tenemos ahora si el ser humano se hubiera limitado a esperar sentado a morir “porque total”.

Pero tan malo es un extremo como otro. Enseñar a la gente que con esfuerzo se consigue todo es asumir de forma implícita que si no consigues lo que quieres es que no te has esforzado lo suficiente. Y eso es tremendamente injusto. Por no decir descorazonador para la persona que no lo ha conseguido.

Puedes enseñar a un niño que el esfuerzo le llevará lejos, y le estarás haciendo un favor. Pero si le educas en la creencia de que con esfuerzo puede conseguir cualquier cosa, lo que estás haciendo es darle cuerda a una bomba de relojería. No todo se consigue a base de esfuerzo, ni a base de esfuerzo se consigue todo. Hay gente que por haber nacido en cierto lugar ya lo tiene todo sin necesidad de esforzarse, y hay gente que nunca tendrá nada por el mismo motivo. La visión reduccionista de que “el mundo” se reduce a lo que conoce uno ya debería hacer sonar todas las alarmas.

No hay absolutamente nada malo en conocer las limitaciones propias, y en hacer cálculos realistas de posibilidades. Tampoco hay nada malo en, con las probabilidades en la mano, mandarlas a la mierda y seguir esforzándose. El esfuerzo está bien, hace que pasen cosas. Pero mentir está muy mal, y prepararte de forma realista para un posible fracaso, por no mencionar tener preparado un plan b para no acabar en la calle, el hospital o la cárcel – dependiendo de lo que se esté intentando – nunca ha matado a nadie.

Además, la mayor parte de las veces la “cultura del esfuerzo” lo que quiere sacarte dinero vendiéndote alguna gilipollez que te haga sentir especial. Esto es así.

 

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